2.- El mundo ideal nunca existió: mentira, sí que existió, fue así mientras tu lo viviste.
3.- El daño no estará ahí eternamente: sí que lo estará, otra cosa es que quede latente, pero en cualquier momento aflorarán los viejos sentimientos. Un juguete roto estará más o menos descompuesto, y aunque siga funcionando, en cuanto le fallen las pilas o la costura envejezca sin recomponerse... pues volverán los problemas.
4.- El mundo me hizo así, o, lo que es lo mismo, todo lo que pasó justifica mis actos de ahora: no, ni hablar, sólo los explica. Porque a medida que vamos creciendo y relacionando con el entorno, podemos comenzar a discernir lo que es normal de lo que no, lo que está bien y lo que está mal. El problema en este caso es la sinceridad y honradez que se tenga consigo mismo. Las ganas de pensar en lo que se fué y en lo que se será; porque, a cierta edad, por fín, podemos solo tomar las riendas de nuestra vida. Hacia dónde tiramos lo decidimos nosotros, no "el mundo".
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