Suelo explayar mi mundo en papel, buscando quien los lea y pueda hacer caminar mis letras.
domingo, 11 de agosto de 2013
La vulgaridad de la vulnerabilidad en que nos movemos me asombra. Los dos caminos, el libre albedrío, el poder decidir….
A veces miro desde la cumbre, aquel lugar alto donde el horizonte se pierde, sólo para saberme, tomar consciencia que todavía existo y miro y siento como la ciudad palpita y en ella las personas, el tráfico y el mundo, con toda la inocencia y sometiemiento y todo el engaño y bajeza con que son (somos) manejados. Miro y me desprendo de mí mismo para perdonar, ¿qué más podría hacer?, eso y sentir que quisiera ser un haz de luz y no tener pensamiento.La palabra se hace impalpable cuando no se pinta de tinta, es simplemente una idea que desaparece en la mente mientras es llevada por el tiempo, tiempo que no existe más que por un movimiento sútil de los actos. El camino se abrió una vez más, he comenzado a transitarlo con una madurez que me resulta casi extraña, tal vez porque se nos van cayendo las pieles a medida que vamos avanzando en edad, esas pieles que se hacen tan pesadas, aquellas que mosrtamos al mundo para esconder el alma.
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